lunes, 16 de marzo de 2020

ÉTICA Y FELICIDAD (LA FELICIDAD Y EL PLACER)


En el tema anterior hicimos una distinción entre moral y ética. Y dijimos que cuando lo que consideramos que se debe hacer es fruto de una reflexión o de un pensamiento, nos solemos referir al pensamiento y a las normas que se derivan de él como ética. Hay distintos tipos de éticas. Por ejemplo, las éticas que buscan la felicidad o éticas eudemonistas. Eudemonía se suele traducir por felicidad o buena vida. Y eudemonismo serían entonces las éticas que reflexionan sobre qué es este bien, buena vida o felicidad, y se proponen elaborar normas básicas para alcanzarlo. La ética de Epicuro es eudemonista.
Epicuro fue un filósofo griego que vivió entre los siglos IV y III a.C. A los 35 años se estableció en Atenas, donde fundó su propia escuela de filosofía, conocida con el nombre de El Jardín, famoso no sólo por la enseñanza de la filosofía, sino también por el cultivo de la amistad y por la participación, no sólo de hombres (como era normal en otras escuelas de filosofía en Grecia) sino también de mujeres. Epicuro tenía una visión hedonista de la vida. La palabra “hedonista” procede del vocablo griego hedoné, que significa placer. Y, efectivamente para Epicuro la felicidad se reducía al placer y a la ausencia de dolor. Y es que, según Epicuro, todos los seres humanos buscan mediante sus acciones lo mismo: evitar el dolor y alcanzar el placer. La prueba de que algo es bueno es que produzca placer, y la prueba de que algo es malo es que produzca dolor. Sin embargo, Epicuro reconocía que esto no era tan sencillo, pues hay cosas o acciones, como por ejemplo una borrachera, que pueden producir un placer inmediato, pero luego la resaca pueden producir un dolor mayor. Igualmente hay cosas, como por ejemplo preparar un examen de matemáticas un domingo por la tarde, que pueden suponer cierto sacrificio, pero que son necesarias para alcanzar un placer o un bienestar mayor y más duradero (la satisfacción de aprobar, por ejemplo, o la posibilidad de estudiar la carrera que deseo). En estos casos, ¿qué es lo que debemos elegir? Epicuro lo tenía bastante claro: hay que elegir siempre aquellas acciones que nos reporten un placer mayor y más duradero y que nos eviten la mayor cantidad posible de dolor. El secreto de la felicidad está entonces en el sabio cálculo de las consecuencias que se siguen de nuestras acciones, de cara a evitar la mayor cantidad posible de dolor y alcanzar el placer más duradero. Hay que insistir en que, para Epicuro, tan importante para la felicidad era alcanzar el placer como evitar el dolor. De ahí que, según él, ni banquetes ni juergas constantes dan la felicidad, si no van acompañados de la prudencia que no es otra cosa que el sabio cálculo de las consecuencias que se siguen de cada acción.
Cuando Epicuro hablaba del placer no se refería exclusivamente a los placeres materiales o del cuerpo, sino también a los placeres espirituales o del alma, tales como los que se siguen del cultivo de la amistad o de la práctica de la filosofía, que eran placeres más duraderos y por tanto más deseables que los placeres del gusto, del tacto o de la vista.
Igualmente, al hablar de la ausencia de dolor, Epicuro pensaba no sólo en el dolor físico (una enfermedad o un castigo físico), sino también en el dolor espiritual o afectivo que nace de todas aquellas cosas que alteran la paz del alma y nos hacen vivir intranquilos o insatisfechos. De ahí que para Epicuro, la felicidad consistía fundamentalmente en alcanzar un estado de placer reposado y duradero, ahuyentando las penas y las preocupaciones que perturban nuestra paz. Por supuesto que eso no quería decir que hubiera que renunciar a los placeres de la buena mesa, del buen vino, etc., pero sí era necesario ordenarlos y supeditarlos al máximo placer: el bienestar físico y espiritual duradero. Epicuro usó una extraña palabra para referirse a ese estado de paz y felicidad: ataraxia. La ataraxia de la que hablaba no era ni más ni menos que un estado duradero de equilibrio, tranquilidad y serenidad del alma, de bienestar físico y espiritual basado en un placer estable y tranquilo, lejos de toda preocupación e inquietud.
Alcanzar la ataraxia era alcanzar la verdadera felicidad. Pero ¿cómo lograrlo? Epicuro puso la filosofía al servicio de ese fin con el objetivo de eliminar los miedos y los temores que perturban el alma de los hombres y nos impiden vivir felices y tranquilos.
Los miedos fundamentales, según Epicuro, eran cuatro: a la muerte, al dolor físico, al destino y a los dioses. Para evitar estos temores Epicuro propone el cuádruple remedio, el tetrafarmakon. Veamos en qué consiste: Epicuro trató de combatir el miedo a la muerte mediante un famoso argumento filosófico: «A la muerte no hay que temerla, pues cuando estamos vivos no tenemos sensación de la muerte y, por tanto, no la sentimos. Y cuando estamos muertos, no tenemos sensación alguna y, por tanto, tampoco la sentimos». No hay que temer al dolor corporal. Cuando es intenso dura poco y cuando dura más tiempo es menos intenso. En ambos casos es soportable. Si el dolor fuese muy intenso y duradero moriríamos. Pero a la muerte, fin de todo dolor, no hay que temerla como ya vimos anteriormente. No debemos temer el futuro. Nuestro destino no está "escrito", y si lo estuviera, no podríamos saber qué sucederá. El cuarto miedo que Epicuro combatió fue el miedo a los dioses, a sus enfados, castigos y represalias. Para ello, Epicuro trató de convencer a la gente de que los dioses, en el supuesto de que existan (pues Epicuro lo pone en duda), deberían de ser tan perfectos que no se preocuparían por los insignificantes asuntos humanos. Y mucho menos para castigarnos.
Epicuro recomendaba asimismo apartarse de la política. La vida privada tranquila, sin excesos, sin participar en la agitación de la vida pública, dará las mejores condiciones para alcanzar la felicidad. Así, la vida moral es fundamentalmente individual y la única relación que se debe apreciar entre los individuos es la de la amistad, una relación libre y natural. Tampoco era Epicuro muy partidario del matrimonio. 
Sin embargo, el secreto más importante para alcanzar la felicidad consistía en reducir nuestros deseos y nuestras necesidades a lo indispensable, con el fin de alcanzar la autosuficiencia y evitar todas las preocupaciones e inquietudes que nacen en el alma cuando deseamos poseer o disfrutar aquello que no tenemos o que cuesta trabajo y sufrimiento alcanzar. En realidad, pensaba Epicuro, el ser humano necesita muy pocas cosas para ser feliz, pues sus verdaderas necesidades son escasas: comida, vestido, calzado, un techo bajo el que cobijarse y afecto sincero. Epicuro lo tenía claro: no es más feliz el que más tiene, sino el que menos cosas necesita.
El significado de esta última frase de los epicúreos es la que parece expresarse en el famoso cuento titulado La camisa del hombre feliz. Se cuenta que en un lejano reino vivían hace muchos años un rey y una reina que tenían una hermosa hija. Un día, la bella princesa contrajo una extraña enfermedad que parecía incurable. Los médicos de palacio lo intentaron todo: yerbas, ungüentos, pócimas, etc., pero la princesa se moría. Finalmente, el más viejo y sabio de los médicos dio con la solución: a la princesa sólo podía salvarla el contacto con una camisa de un hombre feliz. Inmediatamente todos los soldados del reino se pusieron manos a la obra en busca de un hombre feliz para pedirle su camisa y salvar así a la moribunda y hermosa princesa. Recorrieron ciudades, pueblos y aldeas, pero nadie se consideraba lo bastante satisfecho y contento con la vida como para declararse enteramente feliz. Encontrar a una persona feliz no era tan fácil como parecía a primera vista. Casi desesperados de su búsqueda, unos servidores del rey llegaron a una aldea donde unos campesinos les dijeron que en las montañas, cerca de aquel lugar, vivía un hombre verdaderamente feliz. Salieron a toda prisa en su busca y al fin lo encontraron. Vivía solitario en una cueva y llevaba barbas y pelo largo. Y sin embargo, parecía y era realmente feliz. ¡Por fin habían encontrado a un hombre verdaderamente feliz! Pero, he aquí que, al pedirle su camisa, el hombre feliz se extrañó sobremanera y dijo: “Yo no tengo camisa, porque jamás la he necesitado”. Desgraciadamente para la princesa, el hombre feliz no tenía camisa. Pero tal vez ahí estaba el secreto de la felicidad, en no necesitar apenas cosas.

Tareas sobre el tema: La felicidad y el placer

 Escribe un resumen del tema que ocupe entre una página y dos páginas.

1/ ¿Dónde y cuándo vivió Epicuro?
2/¿Cómo se llama la escuela filosófica de Epicuro?
3/ ¿De qué vocablo griego proviene el término “hedonismo”? ¿Qué significa?
4/ ¿En qué consiste la felicidad para Epicuro?
5/ El miedo imposibilita a las personas para el placer y la felicidad: ¿Cuáles son los cuatro miedos que suelen estar presentes en la mayoría de los hombres?
6/ ¿Según Epicuro, qué actividades son convenientes para alcanzar la felicidad y cuáles no lo son?
a)el matrimonio b)comer moderadamente c)escuchar música
d)la política e)la amistad e) la conversación filosófica

7/¿Qué enseñanza aporta el cuento “La camisa del hombre feliz”?

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